Proyecto educativo

Nuestro Proyecto educativo propone un modelo de persona que busca configurarse con la imagen del Hombre perfecto, Jesucristo, que revela al hombre su dignidad y grandeza de hijo de Dios y le invita a vivir los valores de su Reino.

Nuestra meta es contribuir al desarrollo de la personalidad de cada alumno, persona singular, única e irrepetible, proyecto de Dios, cuyo crecimiento es tarea permanente de la labor educativa. El educador desempeña un papel decisivo en este proceso.

La persona es, desde nuestra antropología humanista, una unidad que se configura armónicamente a medida que se desarrolla su personalidad en todas sus dimensiones.

1. Dimensión cognitiva o del saber

La educación integral del alumno implica en primer lugar el desarrollo de las capacidades intelectuales y reflexivas del alumno orientadas a la adquisición personal de conocimientos y criterios que le capaciten para una madura, competente y responsable actuación en el mundo y un compromiso con la verdad que se manifiesta en su postura ante la vida.

2. Dimensión del saber hacer

Esta dimensión tecnológica hace referencia a habilidades y destrezas que en los diferentes ámbitos debe adquirir el alumno, tanto en relación al dominio de su propio cuerpo como, por otro lado, al de los instrumentos y tecnologías. No se puede obviar tampoco el dominio de las habilidades sociales que le permitan desenvolverse adecuadamente en sus relaciones humanas.

3. Dimensión estética

La capacidad para reconocer, captar y gustar de la belleza forma parte esencial de la naturaleza racional del hombre. El desarrollo de esta dimensión se cultivará por un lado en la relación con la propia persona (hábitos de higiene, presentación, modales…), por otro lado, en el contacto con la naturaleza, las obras de arte y en general, el patrimonio artístico y cultural, tanto el generado en nuestro entorno occidental como en otros contextos culturales.

4. Dimensión afectiva y volitiva

La maduración de la personalidad incluye, junto a la adquisición y asimilación de contenidos intelectuales, el logro de un conocimiento cabal de la propia realidad personal, la autoaceptación y la decisión de luchar contra los defectos de carácter, el equilibrio emocional, la rectitud de intención en la toma de decisiones y el ejercicio responsable de la capacidad de elección.

La madurez es el fruto que genera el sano ejercicio de la libertad, que hace a las personas guías y dueñas de sí, abiertas establemente hacia el bien y abiertas asimismo a los otros y capaces, tanto de dar como de darse a sí mismas, de recibir y de actuar con responsabilidad ante sí, ante los demás, ante la sociedad y ante Dios.

Una atención especial merece el logro del autodominio, que permite desarrollar en los niños y jóvenes la fortaleza necesaria para superar los obstáculos, hacer frente a los fracasos y disponer rectamente de uno mismo y de las cosas, estableciendo vínculos positivos con los demás.

5. Dimensión social

La maduración en la dimensión social supone la capacidad de integrarse sin renunciar a la propia escala de valores, la aceptación y respeto hacia las personas, así como la responsabilidad en el cuidado de los bienes comunes, incluso el patrimonio natural. Se atenderá igualmente al cultivo de un espíritu de colaboración y de trabajo compartido y al desarrollo de la responsabilidad social que capacita no sólo para cumplir los deberes cívicos y ejercitar los correspondientes derechos sino para servir al bien común.

6. Dimensión ética

La formación moral dispone al desarrollo armónico de las virtualidades encerradas en el ser humano, a la adquisición de virtudes configuradoras del bien y de la rectitud en la conducta personal y social. La formación moral se pretende alcanzar ofreciendo al alumno posibilidades de enriquecimiento interior, estimulándole a que por sí mismo descubra la diferencia entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto, lo honesto y lo inicuo y adquiera por propia elección la fortaleza necesaria para buscar siempre el bien, eliminando la indecisión, la falsa tranquilidad del conformismo. Que comprenda y manifieste con su conducta que la libertad es un instrumento al servicio del bien humano.

7. Dimensión religiosa

La formación intelectual, humana y moral no estaría completa sin la referencia vital a una concepción trascendente del hombre y de la realidad. Dicha concepción encierra una atención esencial al desarrollo de las virtudes teologales – fe, esperanza, caridad- y las otras virtudes cristianas, desde el despertar religioso, favoreciendo en todas las etapas experiencias de intimidad religiosa así como de pertenencia comunitaria eclesial.

A la educación de esta dimensión pertenece también la formación intelectual que enseña la visión cristiana de la cultura, de la sociedad, de la naturaleza, del hombre y de la historia para que descubra que nada humano le es ajeno. Se tendrá presente que la madurez de la dimensión religiosa cristiana lleva necesariamente al compromiso y al testimonio público.

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